NAVIDAD: DIOS CON NOSOTROS

P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

Navidad es Nacimiento. Es la visita del Hijo de Dios a nuestra tierra. Es el acto más sublime y puro del amor misericordioso del Padre con la humanidad. En Navidad, Dios se abaja y asume nuestra condición humana. El Todopoderoso se vuelve niño para devolverle la luz y la gracia robada por el pecado al ser humano. Navidad es entonces, la decisión divina de caminar junto al hombre en sus penas y alegrías, en sus luchas y triunfos, en sus crisis y angustias, como en su felicidad y sus éxitos.

Como no podíamos alcanzar el cielo ni teníamos la posibilidad de subir a las nubes, Él, por su clemencia, su bondad y por el gran amor que nos tiene, ha llegado hasta nosotros. El día menos esperado, se mudó a nuestro espacio. Quiso emprender un proyecto de salvación, aprendiendo a convivir a nuestro lado. Incluso, aun sabiéndolo todo, asumió con toda humildad aprender de nosotros, estando con nosotros. Este hecho no parece lógico, porque somos nosotros los que dependemos de su ser y no al revés. Sin embargo, ha superado todo razonamiento humano y ha cambiado las cosas para nuestro bien.

Dios tuvo compasión de vernos sufrir, llorar, y de estar perdidos sin dirección y sin rumbo quiso salir en nuestra búsqueda. Como no quiere que ninguno de sus hijos se condene, sino que se salven, tuvo que bajar en persona para colocar las cosas en orden, para poner todo en su sitio. Esta es la razón de la existencia de la Navidad. Es decir, Dios que es trinidad, comunidad y comunión, observó que la soledad estaba ocupando demasiado espacio en el ser humano, que existía el peligro de que este se sintiera acorralado y ahogado, sin tener a nadie que lo ayudara. Por eso llegó en su auxilio; como hace una madre que sale a socorrer a sus hijos.

Pero Jesús no nace con arrogancia ni soberbia, simplemente aparece para mostrarnos el rostro cercano de Dios y para amarnos. En otras palabras, el Maestro a darnos su amor, se ganó nuestra confianza, amando el pecador no al pecado; reconociendo nuestra dignidad y rechazando nuestra maldad, hizo que comprendiéramos su gran misericordia con nosotros. Entró con delicadeza y suavidad a nuestro corazón, vendó nuestras heridas, sintió nuestro dolor, y con una voz tierna, nos dijo: estoy contigo, no para condenarte, sino para ponerle luz a la oscuridad que tienes en tu vida. 

Dios nos pidió permiso para tocarnos, para entrar a nuestras casas y sentarse a nuestro lado. Por tanto, Navidad no es un niño al que le hace musarañas para sentirse apreciado, tampoco para ser el centro de atención porque necesita más cuidado. Navidad, es la locura y la aventura más arriesgada de amor que el Creador ha decidido a favor de los seres humanos, con el único y definitivo objetivo de sacarnos del error, volver a colocarnos en el camino de la vida, y para que jamás olvidemos que somos Hijos de Dios, prendas preciosas del que todo lo ha creado.

¿Te gustaría recibir nuestro boletín semanal por correo electrónico? suscríbase entrando aquí.

Otros temas del P. Luis Alberto

ADVIENTO: DEJARSE SALVAR POR DIOS

ÉL VENDRÁ, PERO, ¿QUIÉN PREPARARÁ SU LLEGADA?

ADVIENTO: TIEMPO DE EDUCAR EN LA ESPERANZA

RETIRARSE PARA ENOCNTRARSE

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *