ADVIENTO: DEJARSE SALVAR POR DIOS

P. Luis Alberto De León Alcántara Email: albertodeleon_011@hotmail.com

El hijo de Dios viene y está cerca. Vendrá a salvarnos. Su misión es rescatar lo que se encuentra perdido. Como el hombre rompió la alianza en el Antiguo Testamento y el pecado alejó al ser humano de la Gracia de su Creador ha querido reestablecer con nosotros la amistad primera, el amor genuino con el que nos amó. Porque debemos estar conscientes que Él no quiere que ninguno de sus hijos se pierdan, sino que se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad (cf. 1 Tm 2, 3-4).

La salvación es gratuita, por eso no tendremos que pagar nada, porque Jesucristo pagará por nosotros. Llegará y verificará la cuenta pendiente que tenemos todos y siendo fiel a su Palabra de vida y redención, saldará la deuda completa. Esa que se fue acumulando y que no teníamos suficiente capacidad para saldarla. Pagará porque es nuestro Padre, tiene misericordia de cada uno de nosotros y busca con ello devolvernos la esperanza, el deseo de vivir y la armonía con su Reino. Lo hace, además, porque tiene compasión y clemencia. Él nos vio en el frío, sin dirección y confundidos, por eso tomó la iniciativa y vino a rescatarnos del fango.

Vendrá a traer luz y caridad. No viene con las manos vacías, sino que surgirá lleno de bondad. Caminará con nosotros, iluminará nuestros rostros tristes y desanimados. Cambiará nuestro corazón de piedra por uno de carne. Revivirá con su presencia y ternura nuestro corazón pesimista y resignado a dejarse morir por las realidades cotidianas de la vida. Aparecerá para recordarnos que fuimos engendrados en la santidad, no en el pecado. Reactivará nuestra memoria para que no solo miremos las situaciones amargas del pasado sino los momentos que fuimos salvados por su gran misericordia.

Sin embargo, Dios salva si nos dejamos salvar. Si estamos dispuestos a abrirle las puertas de nuestro corazón o si somos capaces de permitir que Él nos abrace, que llegue a nuestro interior y coloque las cosas en su debido orden en nuestra vida. Puede salvarnos si les damos permiso, porque Él respeta la libertad del hombre. Es muy cuidadoso a la hora de acercarse al ser humano. Por eso, aunque Él viene a darnos viva y vida en abundancia (cf. Jn 10, 10), no lo hace de manera obligatoria, es muy cuidadoso con los sentimientos y las emociones de las personas, porque al final, quiere que lo acepten por amor y no temor. 

Él vendrá. Algunos lo aceptarán, otros lo rechazarán. Pero está en las manos del hombre recibirlo o cerrarle la entrada a su morada. No obstante, dichoso aquel que lo reciba con alegría, que le guarde su casa organizada, que le tenga preparado un poco de café con galletas, que le muestre el patio, y con toda sencillez pueda decirle en el diálogo: “Señor, gracias por venir a mi humilde hogar, por entrar a mi vida. Siéntete cómodo y déjame servir en lo que esté a mi alcance…”. 

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