ADVIENTO: TIEMPO DE EDUCAR EN LA ESPERANZA

P. Luis Alberto De León Alcántara

La Iglesia nos vuelve a regalar el tiempo de Adviento, el cual significa espera. Pero, entendamos que no se trata de cualquier espera, sino la preparación interior de la llegada del Hijo de Dios, el Salvador. Esto quiere decir que Jesús es la visita más excelsa y eminente que puede recibir la humanidad, porque estamos hablando del Todopoderoso, del Enmanuel: “Dios con nosotros”. Se trata de aquel que siendo rico se hizo pobre; despojándose, incluso de su dignidad de Dios y asumiendo la condición humana. Es decir, ha pasado por nuestro mundo como uno de tantos para devolvernos la fragancia primera con la que Dios nos creó.

Por eso, no puede existir otra alegría más grande que recibir la llegada del Hijo de Dios. Ya que no solo ha querido morar entre nosotros, sino, además, compartir nuestro pan, trabajo, alegrías, tristezas y todas las peripecias cotidianas en la que se encuentra sumergido todo ser humano. En otras palabras, Jesús viene para hacerse prójimo, amigo, hermano y compañero de camino de todo hombre y mujer que necesita la presencia alentadora del Maestro. Sabiendo esto, entonces se comprende mejor porqué el corazón del cristiano se llena de esperanza con la venida de nuestro redentor.

En el tiempo de Adviento es oportuno aclarar que no se trata de una espera pasiva, sino activa. Tampoco es cuestión de asumir una tradición que se efectúa cada inicio de un nuevo ciclo litúrgico sin continuar la profundización del misterio de la Encarnación, se trata más bien, de educar la esperanza, purificar y madurar la fe que tenemos en Jesucristo, porque podemos caer en la tentación de vivir el tiempo de Adviento como una rutina, con una actitud piadosa pero sin tener conciencia de lo que estamos celebrando, pues como decía un sacerdote amigo:  “Aunque es el mismo tiempo de cada año, jamás olvidemos que nosotros estamos diferentes”. 

El Adviento no es un tiempo más de las costumbres de la Iglesia católica. No se puede ver como un acontecimiento repetitivo para consolarnos unos a otros con actividades religiosas mientras llega la segunda venida de Jesús. No, el Adviento es vivir la novedad de Dios, aprender a leer los signos de los tiempos, descubrir que parte de nuestra vida necesita todavía preparación para que Dios pueda habitar en un corazón limpio y dispuesto a recibir las bendiciones que bajan de lo alto.

En definitiva, aprovechemos los tiempos nuevos que nos regala Dios. De modo especial, el Adviento que recién iniciamos, porque es único, no existen dos como este. Hagamos el propósito de elevar nuestras miradas, fijarnos en los pequeños detalles de las lecturas y las palabras clave en cada semana al encender cada cirio; profundicemos en los personajes y pidamos la luz de Espíritu Santo para discernir el mensaje divino. Saquemos un espacio dentro de nuestro afán cotidiano para revisar nuestra esperanza, reactivarla nuevamente para descubrir las promesas que nos tiene el Creador a todos los que buscamos su rostro en las realidades de la vida. 

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