Espiritualidad ecológica

Óscar Andrés Rodríguez. Fuente: Vidanuevadigital.com

En una de sus encíclicas, san Juan XXIII dice que no hay nada más concreto que lo espiritual. Es una pedagógica manera de decirnos que espiritualidad es un modo de vivir. A manera de ejemplo, se podría decir que espiritualidad salesiana es vivir de la forma que proponía Don Bosco. Así también otras: mariana, ignaciana, teresiana, benedictina, franciscana, etc. Se trata de énfasis distintos para vivir un mismo Evangelio. Con fidelidad a Jesús, pero con acentos en algunos aspectos particulares. Son formas concretas, no etéreas, de vivir la vida.

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Cuando se nos pide reflexionar sobre espiritualidad ecológica, lo primero que observamos es que se trata de asumir la cuestión ecológica en clave de fe. Siguiendo la enseñanza de san Juan XXIII, se trata de ver cómo vivir concretamente nuestra relación con el medio ambiente, en cuanto espacio de vida humana. Dicho de otra manera, cómo vivir la enseñanza evangélica ante y en la grandiosa obra de la Creación.

Inmediatamente recordamos la enseñanza del papa Francisco: todo está interconectado. No es posible considerar lo ecológico en la sola perspectiva medioambiental, como algo ajeno a las situaciones que condicionan la vida humana. La vida humana es parte del todo ecológico. Todo lo creado fue dado por el Padre Bueno y entregado ‘en administración’ al ser humano ‘de todo tiempo’. Es su hábitat. Sin este no hay vida. Es necesario el equilibrio. Cuando se daña un ecosistema, también se hace lo mismo sobre la calidad de vida de las personas.

Hay que agregar más. Cuando se daña a una persona, también se destruye una parte del ecosistema universal. Cuando una persona no puede participar, sea de los bienes de la Creación o de la vida pública o de la cultura, esa persona está siendo dañada. Y cuando se daña a una persona –hija adaptiva de Dios– es al Padre mismo a quien se agrede.

Por eso es que la Iglesia defiende tanto todo espacio de la Creación. El hábitat humano incluye la naturaleza, las condiciones de trabajo, la calidad de vida, acceso a la vivienda, a la salud, a la cultura y a la recreación. En fin, espacio para disfrutar de la vida familiar y, por cierto, tiempo para dar gracias a Dios.

Escuela y familia

¿Cómo se relaciona esto con la educación? Una sana espiritualidad ecológica en la educación se expresa en complementar la tarea de la familia como espacio de acogida, de socialización, de aprendizaje.  Aprendizaje de conocimientos útiles para construir una vida mejor, pero antes que eso, de buen trato entre personas, de respeto mutuo, de justicia, de compartir, de crecimiento. Escuela y familia, familia y escuela unidos ecológicamente para respetar a toda persona humana, tanto a nivel individual, como en comunidad. La pregunta que surge es si acaso no se trata de un sueño ingenuo. Creo que no. Se trata de una tarea ardua, porque el bien y el mal coexisten. Sin embargo, el Señor de la historia es quien nos llama a construir su Reino desde hoy. En este espacio es donde se encuentran ecología y educación, para heredar a las generaciones futuras una sociedad mejor, un mundo mejor, donde todas las mujeres y todos los varones se reconozcan en una muy concreta espiritualidad ecológica.

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